lunes, 29 de octubre de 2007

LA ETERNA PRIMAVERA Y LA ETERNA TRISTEZA

Cuando un amor termina, parecer terminar, o da sus aletazos de tiburón capturado; nos duele muy profundamente en un organo del cuerpo totalmente inubicable. No existe radiografia, ecografía o paroscopía que encuentre al responsable de sentirnos tristes, de tener los ojos hinchados, de percibir los hombros pesados, del quemazón en los ojos que nos hace brotar lágrimas y del extremado anhelo e irrefrenable deseo de abrazar o besar a esa persona (hombre o mujer)que queremos mucho.
Esta enfermedad hoy me tocó otra vez. Por eso, yo diría que me encuentro gravemente enfermo y que debo permanecer hospitalizado; sin embargo, como buen valiente estoy trabajando.
-Yo te quiero mi amor -le repetí, pero su distanciamiento y su frialdad me dolió.

CIertamente yo soy el culplable. Reconozco que soy el responsable de mi dolor. La traté mal, muy mal. Es que no es la primera vez que le hago este daño. No sé qué diablos me pasa, si yo la quiero, la amor, la deseo, la extraño; pero a veces sus actitudes me duelen tanto que me convierto en un pobre imbécil que actua como si fuera un monstruo.

Viajé desde Lima -lugar donde vivo- hacia una ciudad del norte sólo con la intención de verla -ella tiene medio año por esos lugares- y lo que hago es tratarla muy mal. Pero hay que ser idiota, muy idiota.
Presiento lo peor otra vez, presiento que algo malo se viene, ayer me dijo cosas muy fuertes y yo soy el responsable.
Toda la tarde de ayer estuve caminando y pensando en mi torpe actitud y lo estúpido que fui. Hoy, ya en Lima, medito la escena de ayer y veo que mi escena de mañana se vislumbra oscura.
Ya le pedí perdón, ya le supliqué que me perdonará, pero ella no dice nada. La quiero y no la quiero perder; pero por mi culpa se irá y esta vez no la culparé.