domingo, 9 de septiembre de 2007

MALDITO HI5

¡Carajo!, ¿por qué apareciste?, ¿por qué con sólo ver tu foto tengo deseos de llorar?, ¿por qué te busqué en el maldito hi5 y te encontré?, ¿por qué? Doce años transcurrieron desde aquella tarde en que pediste no ver mi cara nunca más y yo estupidamente te busqué. Sabes algo C, aún recuerdo tus palabras de aquella tarde, el tono de tu voz, tu pantalón jean azul, tus zapatillas rojas North Star, ese polo blanco con el dibujo de Piolín que tanto me gustaba, tu gancho con adornos de flores sujetando tu cabello, y el desesperante ladrido de tu perro que fue el único testigo de mis lágrimas. Dios mío, esas palabras tuyas aun golpean mis recuerdos y vuelven a herir mi espíritu:"Eres un fracasado y no quiero jamás saber de ti". Créeme que ahora al recordar todo me duele más, mucho más. Dios, tú sabes que yo la amé, pero ella no supo valorar eso. C, olvidarte me costó noches enteras sin dormir, dolores en mi pecho, citas con cardiólogos, citas con psicólogos, perder amigos, etc., y cuando creí muerto este amor... vuelves a mi vida como una sombra que mata la luz que aprendí a cultivar en mi corazón. C, doce años sin verte y ¡¿con qué derecho apareces en mi vida?!
Probablemente ahora ni me recuerdas; tal vez tienes un novio con dinero, con carro deportivo y espíritu juerguero, justo como a ti te gustaban los chicos. Claro que yo siempre fui lo contrario: tímido, callado, aburrido, sin carro, noble y poco agraciado; pero déjame decirte C que yo tenía un gran amor que sólo supe darte a ti, un gran amor que me hacia capaz de sacrificar mi vida por verte feliz, un gran amor que me llenaba todo, un gran amor que ese del carro deportivo y espíritu juerguero nunca podrá darte, un gran amor que nadie en este mundo jamás sentirá por ti. Así te amé, mi hermosa C.
Debo confesarte que después de la fatídica tarde, yo seguí viéndote aunque tú nunca supiste eso. La fuerza de mi amor por ti me empujaba a ir por tu casa, pero mi orgullo me prohibía tocar tu puerta. Muchas veces tuve que esconderme tras un poste, comprar una gaseosa y oculto en una tienda hacerla durar tres o cuatro horas con la única esperanza de verte. ¡Era un estupidez!, pero verte, solamente verte para mí era suficiente droga para calmar mi dolor, verte era como sentir otra vez tus labios, verte era como sentir el calor de tus abrazos, verte era como oír en susurro un te quiero mi amor, verte era como oler otra vez tu dulce aroma, verte era como coger tu mano y juntos otra vez caminar por las calles del centro de Lima. Dios mio, estoy llorando, otra vez me siento mal...C, aún te amo y tú no lo sabes.
Llevo ocho horas escribiendo y en cada segundo veo tu rostro, el vino está por terminarse C, ¡salud mi amor!, por ti y por mí, ¡salud!. ¡Ay!, mi pequeña, como me quema esta tristeza y tú no lo sabes. C, he descubierto que si cierro mis ojos te puedo ver y te cuento que estás riendo y juegas con tu cabellos como lo hacías antes ...estás igualita mi pequeña, nada cambió en ti, nada. Eso me preocupa porque yo sí cambié mucho, estoy más viejo, con muchos kilos de más, con un corazón agotado de quererte en silencio doce años, pero con el mismo deseo juvenil de sentir siquiera un minuto tus labios y tu calor. Si antes no me quisiste, probablemente ahora no sientas nada por mí, seguramente no guardas en tu mente un recuerdo mio. Tal vez nos crucemos por la calle, y tu seguiras de largo porque no me recuerdas, pero yo sí mi amor. Aqui en mi corazón y en mi mente guardo todo de ti, absolutamente todo. Por mis obligaciones personales ya no tengo tiempo de ir por tu casa y verte para sentirme bien, pero utilizaré la tecnología para verte por el hi5 y calmar el dolor de este amor que ahora se siente más vivo que nunca. Te amo C, hoy más que nunca, a pesar que me botaste de tu vida sin ninguna razón y explicación.